Esta franja de Santurbán en la cima de la cordillera y a la mano o a un paso, como quieran, siempre es un lugar icónico en la vía que de Pamplona conduce a Bucaramanga.
Es una belleza extraña, sobrenatural si se quiere en algunos de sus recodos, es un paisaje embrujador inclusive en los cebollales que cada vez son más orgullosos de crecer, de dar vida a tan infaltable vegetal - condimento, en esas alturas.
El largo asentamieto urbano, irregular en todo o las desperdigadas casas en los desnudos protreros y hasta las cabañas de "veraneo al frío" , inquietan la vista, pero son a la vez enjambre de buenas imágenes, desde el ángulo que se quiera y el instante menos pensado.
La carretera que rompe ese falso plano y que serpentea luego, es el indicador que pesa y corrompe la fragilidad del paisaje, cuando alguien hace ya mucho tiempo dibujo por ese lado la forma de llegar o unir dos regiones, parecidas pero distantes, al lado y lado de la cordillera.
Una tarde, no hace mucho debí tomar el transporte público hacia Cúcuta, no tenía opción, pero ahí en el parque de Aguas de Bucaramanga, donde han hecho terminalito de transportes, subió al automotor otro pasajero, don Fortunato, habitante de ese Berlín de nuestra historia, con quien mientras duró su viaje hablamos del páramo y otras formidables realidades.
Contó que era agricultor, de cebolla, como casi todos, que estaba aprendiendo mucho sobre Santurbán, que tenía muchas expectativas, que ese medio había que cuidarlo, pero que sin duda por el momento no podía dejar de sembrar cebolla.
Normalmente eso es un buen negocio, hay un comercio adecuado para el producto.
Hablamos del turismo, de los extranjeros que ahora llegan con más constancia a recorrer esos parajes, del futuro que sin duda esto representa y que puede ser la actividad económica primaria para todos ellos como anfitriones, guías, acompañantes, guardaparques, en fin.
El páramo de Berlín es otro punto de referencia en todo el nudo orográfico de Santurbán, fácil de ver y de querer, aquí pareciera una paisaje alpino, más allá uno lunar o por el otro lado, montaña normal.
La imponente mole del Picacho abruma, es inmensa y estratégica a la vez, orlada de antenas y de un radar, así lo deja entrever, para los montañistas esa roca es el apropiado desafío.
Por la delimitación del páramo de Santurban, en toda su extensión, este territorio berlinés correspondiente al municipio de Tona aún no tiene muy claro su futuro, pero todos, como don Fortunato, esperan que en breve haya claridad y todos salgan beneficiados; el medio ambiente, sus moradores y los admiradores del entorno.
Desde allí se puede llegar a todos los lugares bellos o exóticos que esa tierra ofrece, a las lagunas, cascadas, caminos ancentrales o hasta las minas de Vetas y California.
Dicen que en algunas madrugadas el agua llega a su punto de congelamiento, otros narran el tic tac primoroso y doloroso a veces del granizo, otros un tanto fantasiosos cuentan o especulan que han visto caer copos de nieve en algunos riscos.
Del oro, claro hay mil historias, unas verdaderas otras sobre dimensionadas, pero en acuerdo convocan su mirada que el verdadero oro del futuro es la cristalina agua que allí se transforma con las nubes que suben a prisa, la niebla que abraza y besa, el viento que rompe o empuja, los frailejones, el musgo, líquenes y pastos que atrapan cada gota y las van soltando cuando el sol abre los ojos.
Berlín, el pueblo, Berlín el páramo, reitero, son lugares fáciles de ver y caminar, están ahí con carretera de por medio, si el día es brumoso cae de maravilla un café caliente, si está despejado es bueno tener lista la cámara, siempre quedarán bellos recuerdos y como el aire es limpio bajo el cielo azul, la cromatosidad de las gráficas empalaga aún más.
Si puede vivir un atardecer entre niebla y sol dorado, no lo dude, hágalo, es una expriencia irrepetible.
Luego los siguientes momentos acompáñelos con una crujiente trucha al ajillo o un vivificante caldo, de esos con sabor a campo aromatizados con cebolla y cilantro.
Es otro momento de Santurbán, que alimenta el alma y catequiza la mente una y otra vez, no hay límites y eso además encanta.




